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Felicidad laboral, ¿de qué depende?

Como comentaba en el post ‘Cosas que aprendí en 2015‘, este tema me merece un capítulo aparte dentro de las enseñanzas que tuve la suerte de aprender el pasado año. La felicidad laboral, que no es sino la autorrealización y la satisfacción con el que trabajo que realizamos, es una de las partes que más descuidamos, donde más nos conformamos y que, paradójicamente, más influyen en nuestra vida y nuestra felicidad global.

Lo cierto es que, laboralmente, fue un año para eso, para vivirlo todo y aprender de ello. Entre el 1 de enero y el 31 de diciembre estuve en cuatro trabajos. El primero tenía su punto final en los primeros días de enero, liberándome de tres años grises en los que, desgraciadamente, me metí en esa zona de confort inconfortable y me olvidé de mí. Al poco tiempo salió un nuevo trabajo que, por primera vez en mi vida, abandoné solo mes y medio después porque me salió una oferta que, a priori, era mucho mejor. Finalmente fue bastante mala experiencia y, cuando ya negociaba mi salida, me salió una oferta para trabajar ejerciendo mi profesión, cosa hacía años dada por perdida. Explico esto para que se entienda tanto cambio y la magia que sucede cuando coges tu vida por los cuernos y eres tú quien la pilota. Esta es la manera de explicarlo en un vistazo que me vino un día a la mente y que no he podido evitar llevar a cabo 🙂

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Ambiente: en el lugar de trabajo, la relación con los compañeros directos, con los demás, con los superiores. El ambiente general de la empresa, cuánto tiene que ver contigo y tu manera de vivir la vida lo que sucede cada día entre las cuatro paredes de tu lugar de trabajo, el espíritu de la empresa. (En los trabajos en los que incluyo dos emociones diferentes, diferencio entre el ambiente con el equipo directo -1- y el general de la empresa -2-).

Alineación: cuánto tiene que ver tu trabajo contigo. Cuánto de alineado está con tus dones, tus habilidades y tus sueños. Cuánta pasión te despierta y cuánto de cómod@ y realizad@ te sientes haciendo lo que haces.

Valoración: cómo y cuánto se valora tu trabajo por parte de la empresa, cuánto te valoran como profesional y como persona y cómo eso se refleja tanto en las relaciones con superiores y compañeros como en las condiciones -económicas y emocionales- de tu situación en la empresa.

Salario: no mucho más que explicar en este sentido. Quizá sí diferenciar entre el salario que consideras suficiente para llevar el modo que vida que consideras así mismo suficiente, despreocupado en este sentido, y el salario que consideras justo dentro de los baremos de la empresa. En este caso, he valorado solo el primer sentido.

Horario: valorando en este caso no solo el horario “oficial”, si no también las exigencias y/o necesidad de invertir más tiempo del contratado para sacar adelante lo requerido por la empresa. En este sentido, sobre todo he tenido en cuenta los horarios cuánto me permitían Vivir los horarios que tenía.

Conclusiones

Ya lo tenía bastante claro, pero después de hacer este cuadro me dí más cuenta aún de cosas innegociables para mí para poder hablar de “felicidad laboral”:

  • Es básico sentirte a gusto con todo el mundo, pero sobre todo con las personas con las que trabajas mano a mano. Todo lo demás en ambiente es superable, pero no el no tener cierta complicidad, risa compartida y sentimiento de equipo con las personas con las que más tiempo pasas al día. Hay que sacar lo mejor de uno mismo e intentarlo con quien tienes al lado. Trabajar todos a una y pasarlo bien mientras trabajas es un regalo.
  • Es necesario percibir un salario justo y que nos permita tener una vida digna y ajustada a nuestra obligaciones y necesidades económicas pero, una vez percibido el mínimo que requerimos para vivir sin preocupaciones, todo lo que vaya por arriba será secundario a otras necesidades mucho más imprescindibles. De nada valen muchos ceros en la cuenta si también es cero lo que sentimos por nuestro trabajo.
  • Que nuestro trabajo no nos coma todo el día y nos permita, además, aparcarlo cuando salimos, también es básico. Necesitamos vivir, necesitamos disfrutar de nuestro tiempo con familia y amigos, con nosotros mismos. Necesitamos darle tiempo a nuestros hobbies, inquietudes, ratos de tranquilidad. Solo en casos de apasionada dedicación debemos permitirnos épocas en las que el trabajo sea (casi) todo. Pero no para siempre. Por más que te apasione tu trabajo, debes invertir tiempo en las otras felicidades que te da la vida.
  • Es importante sentir valorado tu trabajo y que esta valoración no se limite a unas cuantas palmaditas en la espalda, pero tampoco este aspecto debe condicionar tu satisfacción. Tú eres quien más y mejor debe valorar justamente tu trabajo y saber si estás dando lo mejor de ti o no. Eso sí, la empresa que -haciendo o no que te valora- se aproveche de tu trabajo y voluntad, merece perderte.
  • Creo que nada es más importante para la felicidad laboral que estar alineado con lo que haces. Cuando tu trabajo te apasiona, saca a relucir tus mejores dones y te remueve algo dentro, es cuando realmente puedes sentir que te estás autorrealizando y hablar de felicidad. Por tanto, si sabes qué es eso que te apasiona, no debes rendirte, no debes conformarte con la falsa seguridad de tener cualquier trabajo, y aferrarte a él solo por el miedo a perder la estabilidad. Debes luchar, con todo tu ser, por seguir buscando la manera de entrar en el camino que un día, con esfuerzo y confianza, te llevará donde quieres. Y si aún no sabes qué te apasiona o no tienes claros cuáles son tus dones y sueños, sal a buscarlos. O, mejor dicho, entra en ti y encuéntralos. Descubre qué te gustaría realmente que pusiera en la sinopsis de tu historia. “Fulanit@ de tal, que dedicó su vida a…”. Piénsalo. Y que nada, ni nadie, te aleje de intentarlo.
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