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Infidelidad, Otra Mirada

Infidelidad, otra mirada

No pretende este texto ser una apología de. Sí sopesar la importancia real, cuestionar desde otro punto de vista y, sobre todo, valorar de una manera justa -dentro del común de acciones que acometemos dentro de la pareja- ese gran “Coco” de la vida par: la infidelidad.

Honestamente, considero que permitimos y nos permitimos faltas de respeto mucho mayores en las relaciones. ¿Cuántas personas aceptan y “perdonan” de forma sistemática y natural que sus parejas les hablen mal -incluso les griten- y, sin embargo, nunca pasarían por alto una infidelidad? Y no hace falta irse al extremo del grito, que además muchas veces es recíproco y por eso “perdonado” de ida y vuelta. Nos permitimos y nos perdonamos no querer de verdad a nuestra pareja, que no nos quiera de verdad, no preocuparnos demasiado por las preocupaciones del otro, no interesarnos por sus inquietudes, que no se interesen por las nuestras. Permitimos no desearles, que no nos deseen (pero eso sí, ¡que no deseen o no deseemos a otr@!). Nos perdonamos vivir relaciones muertas, dejar de mirarnos, dejar de querer ilusionar e ilusionarnos. Perdonamos atarnos y que se aten a nosotros como aval de una hipoteca o como salvaguarda de unos hijos a los que solo utilizamos de excusa. Somos capaces de sobrevivir al menosprecio verbal o por omisión. Pero… ¿cómo vamos a sobreponernos a que hayan rozado otra piel?

Lo cierto es que se me antoja, cuando menos, paradójico. El amor, concepto que tanto se prostituye en tantas relaciones, solo se considera herido de gravedad o muerte cuando entra en la ecuación un encuentro emocional o físico con otra persona. Y lo dejaría en físico. Porque millones hay que son capaces de seguir adelante aun sabiendo que su pareja ha tenido una conexión emocional con otra persona, mientras no hayan trascendido a los cuerpos.

¿Sinceramente? No creo, ni mucho menos, que sea lo peor que podemos hacer en una relación. Ni siquiera creo que vaya reñido con cuánto queramos a la otra persona. Siempre he defendido, y defenderé, que son cosas independientes. Tener una aventura no es incompatible con amar a nuestra pareja y con querer seguir construyendo a su lado. Y no, no estoy diciendo que no pasa nada y que a ser infiel sin mirar con quién.

Hablo de situaciones concretas. Hablo de magia. Hablo de que no es que salgas a buscar fuera, es de que te llegue alguien que no fuiste a buscar y que, aunque a tu conciencia y a tu amor más socialmente construido le pese, durante un instante finito, te hace sentir más Viv@. Y siempre hay dos opciones, y ni siquiera defiendo que dejarse llevar sea la mejor. Solo hablo de que, si optas por ello, ni eres tan mal@ como crees que tienes que creer, ni significa que no ames a tu pareja. Solo hablo de que, si lo has hecho y te has sentido Viv@, no debes latigarte demasiado ni arrastrar una culpa que termine acabando con tu relación. No creo ni que haya que ponerlo sobre la mesa para seguir. En caso de que sigas amando, puedes continuar sin hacer de la infidelidad una carga inasumible. Y si no sigues amando, solo será un síntoma más de que dejaste de hacerlo. Y cuando es una cosa, o la otra, lo sabes.

Y cuando ése es el caso, cuando alargamos las relaciones paralelas o sumamos una tras otra, porque son la manera de Vivir y de Sentir lo que ya no vivimos ni sentimos en nuestra relación “oficial”, es cuando llega el momento de ser honest@. Con un@ mism@, y con la pareja. Es cuando llega el momento de ser valiente y bajarse de esa relación. No por nadie, si no por un@. Porque eso sí es traicionar y traicionarse. Y no tanto lo que se hace con l@s otr@s, sino quedarse donde ya no hay nada, solo por esa falsa estabilidad y seguridad y el miedo a romper con ello.

Creo que debemos velar más porque nuestra relación se respete y se alimente en el día día, en todos los ámbitos, en la rutina en la que tantas veces dejamos que muera y se desdibuje, que por evitar que se pinte otro cuerpo efímero en el cuadro. Creo que debemos comunicarnos más y mejor, mirarnos, interesarnos desde el corazón por la persona, y no por lo que hace en las horas en las que no está con nosotr@s.

Y si crees con todo convencimiento que la fidelidad es necesaria y necesitas exigir lo mismo en contrapartida, bien, es completamente lícito. Pero ama, respeta y exige amor y respeto en todos y cada uno de los aspectos de tu relación. Lo otro, lo que solemos hacer, es un cuento.

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