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Mañana

Ves como se te va pasando la vida. De manera liviana, otras veces intensa. De forma sencilla, tantas veces tonta.

Ves como pasan los días en los que planeas que hoy será en el que pongas en orden el caos que se arremolina dentro de tí y a tu alrededor. Hoy organizarás las ideas y escribirás todo cuánto tienes en mente, hoy limpiarás la casa y recogerás la ropa de la silla, hoy harás todas las llamadas pendientes. Pensarás los temas en los que quieres trabajar, harás el plan de comidas para las que nunca tienes tiempo o ganas. Pero también puede ser que hoy no hagas nada. Seguramente.

Vas acumulando los planes para el futuro, dejando para mañana todo lo que has planeado hacer hoy. Mañana siempre suena más confortable, más seguro. Pero cuando mañana deja de ser futuro, y te metes de lleno en un nuevo presente, los planes vuelven a postergarse. Nunca parece el momento de poner en orden tu vida. Es mucho más fácil dejarse llevar por el tiempo sin darse cuenta y sin hacer nada que realmente lo llene de verdad.

Dejas pasar los días, que se escapan al doble de la velocidad intuida, y cuando acaban te das cuenta de lo que has vuelto a perder. Te refugias en el pensamiento de que aún tienes mucho tiempo, pero a veces te paras a pensar en que cada vez va siendo menos.

Mientras tanto, en ese transcurrir inerte, haces pequeñas cosas que van calmando la inquietud por tachar ítems de la larga lista de planes por cumplir. Casi nunca son de los más importantes, pero llega un punto en el que lo único importante es ir tachando, sin más.

También van llegando sucesos inesperados que marcan algo. A veces grande, a veces nimio. Y llegan personas que te llenan y personas que fingen hacerlo (no ellos, el farsante eres tú). Te ilusionas ante sonrisas inesperadas y buscas el refugio de miradas que te hablen y te escuchen. Construyes una fortaleza de relaciones sociales con personas que parecen ser lo que necesitabas. Pero en la desnudez de tu soledad sabes realmente quién eres, quiénes no son.

Conviertes la vida en un eterno estado de espera, de algo más grande, mejor, más intenso. Y en esa espera vas enredándote en cientos de preguntas sin respuesta, de ilusiones que se marchitan y de cosas que no llegan. Pero, aún así, nunca pierdes la esperanza de lo que esté por venir.

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