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Miradas

Hay tres formas de mirar las cosas; cuando son novedad, cuando son rutina, y cuando van a ser pasado.

Las novedades siempre se devoran con entusiasmo, ganas, curiosidad. Hasta que dejan de serlo y el encanto y los contornos empiezan a desdibujarse y a fundirse en la rutina. Se deja de observar, se pasa al simple hecho de que las cosas están ahí, sin más.

Sin embargo, cuando llega el momento de perderlas, como por arte de magia, vuelven a aflorar aquellas primeras sensaciones. Las formas resurgen con toda su fuerza, lo que ahora yacía inerte pasando desapercibido ante nuestra mirada, se levanta y baila, y zapatea sobre nuestras entrañas. Recuperamos la capacidad de valorarlo, porque lo miramos con ojos de despedida.

Por eso son comparables los principios con los finales, porque nos hacen sencillos y complicados, en definitiva, más humanos. Porque nos recuerdan que estamos vivos, que fluctuamos. Que somos sensaciones. Que no somos inmortales.

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